Las Claves del Exito

Las Claves del Exito

Entiendo que, de un modo u otro, es el éxito lo que todos perseguimos aunque nos especialicemos profesionalmente en la Ingeniería, las Finanzas, el Derecho, el Marketing, etc.

Reconocimiento personal, profesional y social; capacidad de decidir y cambiar el curso de los acontecimientos; es una ambición legítima. Sobre el EXITO va este post:

Son ideas extraídas del ámbito personal, de mis propias experiencias y vivencias, de diferentes lecturas de comentarios de terceras persona, pero fácilmente extrapolables a la vida cotidiana de cualquier persona, a sus relaciones privadas y laborales.

Primero. El éxito sólo se puede medir en términos de felicidad, de estar a gusto con uno mismo, de ser capaz de enfrentarse a la vida con paz, alegría y optimismo. No son indicadores del mismo ni la cuenta corriente ni la tarjeta de visita. Insisto, no se puede confundir con un estatus, una apariencia que puede ser exitosa o encerrar el más absoluto de los fracasos. La felicidad, y por ende el éxito, se encuentran dentro de uno. Y exigen un trabajo constante que no hay que descuidar. Debe ser la prioridad. Sólo se vive una vez y que tu vida sea un éxito o un fracaso depende sólo de ti. No tanto de lo que pase sino de qué manera afrontas lo que te sucede, sea del color que sea.

Segundo. La primera condición del éxito pasa por el conocimiento de uno mismo. Haz un análisis DAFO de tus debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades. Si lo haces de cualquier compañía, cómo descuidar tu propia sociedad vital, …lo que eres.  Descubre tus vicios y tus virtudes y con base en ellos, sé dueño de tu destino, pon tus verdaderos talentos a trabajar. No te dejes llevar por las olas; elige un camino y dirígete a él.

Tercero. Interrelaciónate. Al conocimiento de uno mismo no sólo se llega a través de un proceso de interiorización sino mediante el contraste que te proporciona la inserción en la sociedad en la que te ha tocado vivir. Analiza tus reacciones y vigila tus contestaciones. Sorpréndete de ti mismo y purifica lo que no te gusta. Compara tus expectativas con la realidad que te rodea; chequea tus límites y nunca te conformes. Y el entorno, cualquier entorno, mejor o peor, no es el final de la ruta sino únicamente un medio para llegar a ella;  no te dejes vencer por él. Todo lo que te rodea es útil para alcanzar el fin que te has propuesto.

Cuarto. Cualquier intento de alcanzar el éxito pasa por la conjunción de tres elementos mutuamente interconectados:  En primer lugar, educa tu voluntad, invierte en ella; renuncia a lo inmediato por obtener una mayor satisfacción en el futuro. La capacidad de sacrificio es la condición necesaria para ponerse en marcha, pero no es suficiente.   Segundo, haz un uso adecuado de tu libertad que no supone -contra lo comúnmente aceptado- hacer lo que te viene en gana sino sabiendo dónde vas y elegir el camino correcto; no es tener múltiples opciones, sino elegir la alternativa idónea para la meta fijada.   Tercero y último, sométete al único juez que importa que es el de tu conciencia. Sé coherente con el rumbo que te has trazado. No te dejes llevar por lo que opinen los terceros ni actúes condicionado por las apariencias. Voluntad, libertad y coherencia son los únicos elementos que has de llevar contigo a la hora de emprender este viaje.

Quinto. No tengas miedo al fracaso. Nadie te ha prometido que la conquista del éxito sea un camino de rosas. Lo importante no es caer sino saber levantarse. Y no hacerlo acomplejado y abatido, sino con la cabeza bien alta; sólo es indigno el que no lo intenta; detente en los porqués, causas de lo que ha ocurrido y que hay que evitar en el futuro. Pero, sobre todo, escruta los paraqués, cuál es la utilidad que puedo sacar de este inconveniente que ha surgido. Sólo se puede mirar al pasado, para aprender de él. No cabe la resignación apocada, ni la rebelión sin fundamento frente a lo que pudo ser y no fue; acepta lo sucedido que ya no puedes cambiar y pon tu mirada en lo que realmente importa: el mañana. No temas empezar de nuevo tantas veces como sea necesario.

Sexto. No limites tu reflexión al fracaso; analiza igualmente las causas de tus triunfos profesionales. Sé justo contigo mismo, discrimina qué parte de responsabilidad que te compete en tus victorias y cuál es el resultado de factores ajenos a ti como la coyuntura o la suerte. Sé humilde; el problema de los listos comienza cuando se creen los más listos, cuando empiezan a actuar como si estuvieran por encima del bien y del mal, de las fuerzas que mueven los mercados o sus ámbitos de actuación. El verdaderamente inteligente es aquél que aprende de toda circunstancia, con independencia del carácter bondadoso o destructivo de la misma.

Séptimo. Emplea el sentido común, que se ha convertido en el menos común de los sentidos. Ten espíritu crítico, con independencia de cuál es la procedencia de la información. Cuestiona el origen, disecciona el contenido, actúa en consecuencia. Estamos en una sociedad que deja poco espacio para la reflexión; no renuncies a ella. Haz del análisis racional de las cosas un hábito, conviértelo en costumbre, te ayudará a mitigar los errores y conquistar la felicidad y, por ende, el éxito.

Octavo. Pon las cosas en perspectiva. No dejes que las ramas te impidan ver el bosque, ni que lo inmediato te aleje de los grandes fenómenos que se están produciendo a nivel mundial. El futuro de muchas compañías pasa necesariamente por estar ahí, por investigar sus posibilidades y actuar en consecuencia. Ahora con la crisis se inicia una etapa de austeridad y de recuperación de valores; quien sea consciente de esta realidad y sus implicaciones partirá con mucha ventaja frente a sus competidores.

Noveno. Profundiza en el entendimiento, no en el conocimiento. No importa tanto estudiar, cuanto aprender, reconocer la utilidad práctica de aquello a lo que se dedica un esfuerzo intelectual. Cuida que tu curva de aprendizaje tenga pendiente positiva; cumple con el nunca te acostarás sin saber una cosa más, así te mantendrás vivo, despierto, alerta, tendrás un aliciente para seguir cada día. Vigila a diario tu productividad, cuanto mayor sea, menos te pondrán imponer los demás tu rutina. Serás más dueño de tu tiempo y, por tanto, más feliz.

Décimo. No seas cortoplacista. La felicidad es un estado permanente, no olvides que la acción colectiva es la suma del resultado de las acciones individuales o, mejor dicho, el beneficio individual sólo crea valor si contribuye al bien colectivo. Si todos miramos por lo nuestro, el sistema se colapsa. Esto tiene dos implicaciones: Por un lado las acciones a corto tienen unas consecuencias a largo que han de ser tenidas en cuenta. No pueden ser pan para hoy y hambre para mañana. Se ve en la política en casos tan graves como la educación. O en la actuación como bomberos de los bancos centrales alimentando sucesivas burbujas. El futuro se alimenta con la experiencia del pasado pero se construye en el presente. Y si nuestras decisiones no contribuyen a su mejora de la sociedad, su deterioro nos arrastrará a nosotros con él.
Pero también tiene otro efecto y es que nuestras decisiones de hoy inciden en el conjunto de la sociedad: es el equilibrio entre maximización del beneficio y bienestar social el que garantiza la supervivencia común. El empresario de verdad es el que persigue el cambio a mejor del conjunto de la sociedad obteniendo un beneficio para sí mismo porque sólo así su vocación de permanencia en el tiempo se cumple. De lo contrario, la muerte económica o social será igualmente su propia muerte.

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2 respuestas a “Las Claves del Exito

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