El mundo NO va a peor.

sin-tituloEn muchas de mis últimas intervenciones y de especial manera las que he tenido en el marco del Rotary Club, he querido resaltar que la sociedad es cada vez mejor y que existe más voluntarismo para ayudar a los necesitados, e incluso el mundo mejora día a día por la suma de intereses de todos, de la población y de las instituciones en mejorar el mundo.

Lejos de impactar y lograr mi objetivo en esos actos, veo en cambio que todos me miran mal; imagino que están pensando en esos momentos en que soy un inconsciente optimista, que no me entero, … otros pensarán que como a mi no me falta nada de lo más imprescindible, pienso que todos viven igual (¡!).

Pues bien, hace unos días leía con satisfacción un artículo en ELPAIS firmado por Kiko Llaneras y Nacho Carretero que titulaban así: “A pesar de que los partidos populistas se aprovechan del pesimismo de la población, estamos mejorando en casi todos los parámetros”.

Es cierto lo que dicen, que pese a que los datos (y los aportan) demuestran que tanto el nivel medio de Renta (PIB por habitante), del nivel de Educación, d Esperanza de vida o de Mortalidad infantil mejoran, la mayoría de la gente cree que el mundo empeora. Sigue leyendo “El mundo NO va a peor.”

Mí último Libro (próxtte. en librerías):

Ciudad Inteligente, ciudad al fin y al cabo.

Hablar de Smart City (Ciudad Inteligente), no es trabajar en proyectar un destino, sino trabajar en un presente; es una forma de pensar, de liderar una ciudad y de ajustarla al desarrollo mismo de la civilización, de la que es su fundamento básico.portada-ciudadinteligente

Este libro ofrece una diferente visión sobre las ciudades inteligentes; siendo una crítica constructiva que se implica en ofrecer respuestas a los problemas que limitan el desarrollo, analizándolos desde una perspectiva global.

Es una libro que ofrece nuevas visiones para analizar las ciudades desde el punto de vista del entorno natural que las rodea, de las personas que la habitan y de los que las gestionan y gobiernan.

En él se da una visión amplia de cómo abordar procedimientos de diseño de Smart City, no únicamente desde el punto de vista tecnológico, sino que analiza la realidad política y sus amenazas, la realidad urbanística y sus complejidades y la oferta tecnológica y su complejidad, sin olvidar el aspecto sociológico y humano de la ciudad.

La tecnología no es nada si no hay marcos legales apropiados, planeamientos urbanos adecuados, mentalidad política abierta y ciudadanos implicados. Creatividad y economía son los ejes para crear la Nueva Ciudad, y en este libro se da a conocer cómo potenciar la creatividad y cómo generar economía.

 

Smart City, más Marketing que Tecnología

portada-ciudadinteligenteToda empresa que se precie, de telecomunicaciones, de electrónica, de ingeniería, de informática, de infraestructuras incluso, o de medioambiente, etc,  … se ha preocupado de tener un departamento, área o encargado de Smart City o de Gestión de Ciudades o similar.

… Y todos ellos, son ingenieros o tecnólogos en general; cuando realmente tecnología es lo que sobra, lo que faltan son ideas que promuevan la implantación de la tecnología de forma ordenada e inteligente (sí, Smart también).

La Smart City no es tecnología, es un concepto,  basado en reunificar diferentes

tecnologías convergentes, además de infraestructuras y servicios, en un entorno urbano y de aplicación tanto público como privada.

Me remonto al año 2003, cuando las grandes corporaciones tecnológicas empezaban a presentar al Sector Público soluciones de todo tipo para la gestión de Gobierno y poco más. Mientras tanto, esas mismas empresas disponían en sus respectivos portfolios una ingente oferta de soluciones que años más adelante comprendieron que bien podían también ser ofrecidas al Sector Público y en particular a las ciudades a través de sus Municipios.

En aquel entonces, ya me di cuenta que si no se hacía algo allí nadie vendía nada, ni los políticos o funcionarios de la administración pública iban a comprar nada. Fue entonces, cuando pensé que lo que había que hacer es mostrar todo tal como se pretende ver; hacer realidad aquello de “ver para creer”. Fue cuando propuse crear con la ayuda de varios gobiernos municipales, regionales y del estado, además de un importante número de empresas; una ciudad. Iba a ser una ciudad efímera, pero iba a ser una ciudad en la cual cada uno de los ofertantes expusiera su propuesta enmarcada en el ámbito de una ciudad y más concretamente en el ámbito concreto de su instalación o uso; bien sea en medio de la calle, o en un hospital, en un edificio que simulaba la sede de un gobierno, o el que simulaba un hotel, o un banco, o una vivienda, etc.

Así nació COMUNIDAD DIGITAL, reproducción de la primera Ciudad Digital en el mundo que permitió que durante siete días circularan más de 150.000 personas viendo directamente qué es una Ciudad Digital. Era, no solo la primera presentación de lo que años más tarde pasó a denominarse Smart City gracias a IBM, sino que fue la primera vez que las Smart City se apoyaban en el marketing para hacer entender qué es eso de una Ciudad Inteligente.

Pues bien, desde entonces, los tecnólogos no han parado de diseñar propuestas y más propuestas para diferentes “verticales” del sector público y de las infraestructuras y servicios en la ciudad; pero en paralelo sufrían la falta de demanda de los gobiernos y la falta de confianza de los inversores, públicos o privados.

Durante todo este tiempo, he pululado ente los tecnólogos intentando hacer ver que “no solo de tecnología vive el hombre”; que el divorcio que existe entre tecnología y marketing estaba siendo el freno a un mayor desarrollo de la implantación misma de la tecnología y otros servicios en las ciudades.

En esa “Comunidad Digital”, lo que simplemente hice fue poner en común toda la oferta (limitada entonces) que existía para el entorno público o privado en la ciudad; ponerla en común y hacer convivir entre sí a los que se veían como competencia entonces, pero que pasaron esos días, a ser “complementarios”.

El producto estaba diseñado por los tecnólogos, pero los marketinianos tuvimos que mostrarlo de forma coherente.  A partir de ahí, nació el primer programa de Ciudades Digitales que fue poco a poco explosionando a nivel global y dando lugar a lo que hoy conocemos como fenómeno de las Smart City.

Pasaron años desde aquella presentación de la primera Ciudad Inteligente, cuando he vuelto a intentar llamar la atención del sector advirtiendo que las ciudades no se construyen a base de tecnología, que las ciudades se construyen a partir de un proyecto urbanístico previo que defina no solo la distribución y desarrollo de la ciudad en su marco natural, sino el desarrollo demográfico que esa ciudad va a tener, las consecuencias de ello en su desarrollo económico y social y de la definición de las ordenanzas municipales que la permiten desarrollarse de forma controlada.   Fue a partir de ahí cuando empecé a dar el nombre de EFFICIENT URBAN a todo aquello, porque lo que estamos pretendiendo todos, es crear un entorno urbano eficiente, ¿o no es así?. ¿No hablamos de que toda tecnología aporta eficiencia y con ello rentabilidad y funcionalidad a las ciudades? ¿no es cierto que el Urbanismo pues, es la base para el desarrollo de la ciudad?.

Tecnólogos todos, abrazar el concepto de Urbanismo Eficiente porque eso os dará ventas, os posicionará en la realidad de lo que pretendéis hacer modernizando las ciudades con la implementación de las tecnologías.

Entender que los egipcios, los romanos, los árabes de la antigüedad ya implantaban tecnologías en las ciudades, no eran digitales, pero eran a su manera muy eficientes y en algunos casos las hemos seguido disfrutando al cabo de los siglos.

Tecnologías en el mundo hay muchas, hay una oferta increíble; en lo que hay que trabajar es en el diseño de modelos de negocio, modelos de uso, modelos de implantación, modelos de promoción, modelos de atracción del interés de la población, marketing en resumidas cuentas.

El concepto –ya muy manido- de Smart City es un concepto marketiniano no tecnológico. Viene a insinuar cómo y de qué forma hay que hacer uso de las tecnologías en la ciudad. Si la ciudad no es un fin siquiera porque evoluciona día a día, de ahí el cómo siguen cambiando desde aquellas épocas que comentaba de la expansión de los imperios de Roma, o el urbanismo de los árabes o la construcción de los egipcios, ¿por qué la tecnología lo va a ser?.   Las ciudades son un medio para el desarrollo de las civilizaciones, lo mismo que las tecnologías con un medio para el desarrollo de las ciudades a partir de dotarlas de mayor eficiencia.

Dar valor añadido a las tecnologías, pensar en su mejor ubicación en el mercado, analizar la convergencia tecnológica y el mayor potencial que con ella se podría abarcar, es el objetivo de mi trabajo en estos más de trece años trabajando, desde la creación de la primera Smart City, hasta ahora en donde nadie duda del potencial de este vocablo.

Cuando me preguntan qué hago en las Smart City sin ser tecnólogo, me quedo corto con lo que aquí escribo para explicarles que no de tecnólogos es el desarrollo de la humanidad, sino de especialistas de comunicación, de promoción, de sociología, de innovación de ideas.  En el libro que presento quizás ya en un mes (La Ciudad Inteligente, ciudad al fin y al cabo – Ediciones CLV) pongo en manifiesto qué es en resumidas cuentas una Ciudad Inteligente, dejando claro que pese a todo, no es una ciudad futurista, … es una ciudad al fin y al cabo, como la que nuestros antepasados vienen disfrutando.

El individuo, centro de la ciudad

No puedo empezar con la redacción de un libro como este, sin antes atraer el interés del lector a la génesis del concepto “ciudad”. Si a partir de aquí, vamos juntos a analizar el desarrollo del entorno urbano, a analizar qué es o qué no es una Ciudad Inteligente, debemos en pwhy-how-whatrimer lugar tener todos bien claro, que el ser humano es el centro de la ciudad; no los intereses económicos, ni políticos. Por ello mismo, sino existe un compromiso y una propuesta política para reivindicar la posibilidad que las personas sean realmente las “dueñas” de la ciudad, poco o nada podríamos avanzar en lo que a partir de aquí vamos a analizar.

Todo debe empezar por el interior, por el eje de referencia, … por la génesis, el por qué; en este caso el por qué, es el ser humano, lo hacemos por él y solo por él y el respeto a sus derechos.

A partir de esta confirmación, el cómo lo haremos y qué conseguiremos, son conclusiones más debatibles y que las analizamos en cierta medida en este libro.

Frente a los efectos causados por el neoliberalismo, como la privatización de los espacios urbanos, el uso mercantil de la ciudad, la predominancia de industrias y espacios mercantiles, se debe proponer una nueva perspectiva política orientada a ver la ciudad como un derecho de la ciudadanía. Un derecho en sí mismo que contemple los más fundamentales derechos a la vida, al trabajo, al medioambiente, a la convivencia, a la seguridad, etc.

La ciudad fue tomada por los intereses del capital y así dejó de pertenecer a la gente y por ello hay que poner de nuevo al hombre como elemento principal de la ciudad que él mismo construyó. Es preciso pues restaurar el sentido de ciudad, instaurar la posibilidad de la calidad de vida para todos, y hacer de la ciudad el escenario de encuentro para la construcción de la vida en común, en comunidad.

Es esta vida en común, lo que se debe construir sobre la base de la idea de la ciudad como unidad cultural y, en consecuencia, política, donde es posible la expresión de voluntades colectivas. Por el mero hecho de la existencia de la convivencia, hay que tener en cuenta que es un espacio para la solidaridad, pero también lo es como generador de conflicto.   La construcción de la ciudad es la posibilidad de construir una ciudad en la que se pueda vivir dignamente, reconocerse como parte de ella, y donde se posibilite la distribución equitativa de diferentes tipos de recursos: trabajo, de salud, de educación, de vivienda, de seguridad, de participación, acceso a la información, etc.

A partir de que hemos asumido el por qué de la ciudad y de su papel en el desarrollo de las civilizaciones, será cuando nos pongamos a trabajar en el desarrollo de la ciudad -aunque realmente deberíamos mejor decir para quién-, debemos como siguiente paso analizar las necesidades del ser humano, para poder darles respuesta a todas y cada una de ellas y para los diferentes clectivos. Cómo lo vamos a hacer y finalmente qué vamos a ofrecer, qué mejoras, que nuevos servicios sociales o de atracción de inversión.

Todo el mundo debería tener los mismos derechos para construir los diferentes tipos de ciudades que queremos; todos deben tener el mismo derecho a participar en la transformación de la ciudad en algo radicalmente distinto, pero para ello debemos conocer con profundidad el por qué lo hacemos, cómo lo vamos a hacer y qué vamos a ofrecer. Y responder a estas preguntas en medio de intereses particulares –y egoístas a veces- políticos, profesionales, etc.

La Nueva Ciudad: camino no destino.

 

En Ciudad de Guadalupe, Nuevo León; tuve la oportunidad de mostrar la rápida evolución que está teniendo en el mundo el concepto de Smart City.  De qué forma ha evolucionado desde la primera Ciudad Digital que mostré en el año 2004, hasta el nuevo modelo de Smart City 4.0, en donde conceptos de Regionalidad, Identidad, Suelo, Conectividad y Big Data explican que, por un lado se han roto límites regionales, ya no se habla de “ciudades” sino de regiones.  Trabajos conjuntos entre Vancouver (Canadá) y Seattle (EEUU), o de las ciudades más importantes del Golfo de Guinea de diferentes países como Ghana, Costa de Marfil, Camerún y Nigeria.

Suelo + Identidad; en donde el estatus catastral, su identificación y actualización automatizada es la base para la construcción de una ciudad.  La identidad define el status de quienes habitan la ciudad y hacia dónde quieren ir.  Confirma que la Smart City es parte del camino para el desarrollo continuo de las civilizaciones.

La conectividad de infraestructuras físicas de transporte (carreteras, trenes, …) o de suministros energéticos (smart grids, pipelines, …) o incluso de redes virtuales de telecom o redes sociales; favorecen la interconexión y el que dos o más ciudades progresen de forma paralela y reforzándose una en otra y viceversa.

O conceptos como el PPP(P) en donde ya no solo se justifican las relaciones público-privadas para la explotación de servicios, sino que se da entrada a una cuarta “P” (People) en modelos colaborativos cada vez en mayor desarrollo.

PPP(P), que junto al Big Data dan respuesta a los continuos requerimientos y justificaciones de “es que no hay dinero”.  Señores gestores, ni hay dinero, ni hay creatividad.  Con lo segundo se puede conseguir lo primero, sin necesidad de estar pendiente de “papá estado”; cultiven la creatividad e ingenio.