Visión y definición de Smart City

Hace ya unos años –allá por el 2008- empezaron a aparecer titulares que hablaban de la ciudad digital, luego más tarde se habló de la Smart City y se siguió hablando de Ciudad Sustentable, de ciudad conectada, de ciudad competente…

Y cualquiera de los términos nos recordaba a una ciudad futurista donde unos individuos, vestidos en esas ropas extrañas de Blade Runner, se les vería apagando la luz de casa con solo un parpadeo, o donde los coches se desplazaban sutilmente sin ruido ni fricción.

¿Qué es pues una Smart City?, ¿o una ciudad conectada, sustentable, ….?.

Los primeros anuncios de la ciudad inteligente llegaron de la mano de grandes corporaciones que mostraban cómo sus empresas estaban construyendo los nuevos modelos de habitabilidad en la búsqueda de nuevas vías de negocio, que encontraron en participar en proyectos urbanos con grandes operaciones comerciales que aportaban importantes y elevados volúmenes de negocio y una asegurada recurrencia de ingresos a medio y largo plazo.

Parecía que el futuro estaría diseñado, en gran medida, gracias a las corporaciones que habían empezado a construir infraestructuras más sofisticadas para el suministro de energía o la conexión de telecomunicaciones.

Pronto surgió la voz de muchos urbanistas, arquitectos, … que querían imponer su criterio arquitectónico a partir del argumento de la integración medioambiental.

A estos siguieron desarrolladores inmobiliarios en un desmedido afán de promover nuevos planteamientos urbanísticos de modo residencial, corporativo o de servicios.

Lo que sí parece estar claro, es que el nuevo modelo de ciudad es un concepto que aglutina una muy amplia oferta de propuestas, de servicios para la población, pero que no ha nacido bajo la ordenación y planificación precisamente y sí ante el desorden y ni mucho menos, bajo el análisis pormenorizado de las necesidades de la población.

En cualquier caso, tanto unos colectivos como otros, han aportado mucho al desarrollo urbano y en este caso sí es de agradecer el fundamentalismo económico que predomina en el mundo, ahora puesto en servicio de la población y en atender sus requerimientos.

Las propuestas de estos colectivos hablaban de ciudades en las que sus habitantes pudieran crear y utilizar herramientas abiertas para organizarse, participar y tomar decisiones. Es la dinámica del bottom up (de las bases hacia arriba) frente el top down (de las compañías o gobiernos hacia la población).

Los nuevos modelos de ciudad en la actualidad, se están construyendo con proyectos de los dos tipos. La iniciativa colectiva y los servicios privados crecen en paralelo y, en ocasiones, resultan complementarios. Aunque, a veces, se produce la fricción y, a menudo, tiene que ver con las pretensiones monopolísticas de una corporación.

El concepto “Smart City”, es un concepto hoy en día bastante de moda, que literalmente significa “Ciudad Inteligente”, pero ¿en qué consiste?.

Pues bien, la teoría dice que son modelos de organización que permiten gestionar de forma sostenible las grandes ciudades; comprometidas con el entorno, con elementos arquitectónicos de vanguardia, y donde las infraestructuras están dotadas de las soluciones tecnológicas más avanzadas para facilitar la interacción del ciudadano con los elementos urbanos, haciendo su vida más fácil.

En la práctica, se trata de una nueva revolución urbana, de una visión holística de la ciudad, de eficiencia, de sostenibilidad, de tecnología y conectividad, de gestión inteligente de infraestructuras y servicios urbanos, de colaboración público-privado como fórmula mágica, de liderazgo, de nuevos negocios y empleos. En suma, se nos ofrece un mundo lleno de posibilidades: ciudades inteligentes para ciudadanos inteligentes.

Lógicamente, con el boom de las “Smarts”, han surgido claras oportunidades de negocio para algunas empresas ya que se han dado cuenta de las necesidades y problemas que tienen las ciudades. Por una parte aquellas que se dedican a ofrecer aplicaciones y soluciones en tecnologías de la comunicación; y por otra, empresas dedicadas a la ejecución de infraestructuras y prestación de servicios urbanos (constructoras en mayor medida).

Ante todo este exceso de oferta de tecnologías, de servicios, de propuestas de todo tipo desde el punto de vista tecnológico, sustentable, arquitectónico, gubernamental, etc;  mi actividad profesional de los últimos años ha estado centrada en invitar a todos los players que participan en su definición:  empresas, pero no solo grandes corporaciones sino PYMEs; gobiernos; academia e instituciones; en trabajar todos juntos en la definición del nuevo modelo de ciudad.

Hemos trabajado con los países en definir ese nuevo modelo de ciudad desde sus bases, desde el modelo conceptual y no en base a una aplicación real.  Trabajamos consensuando ideas de todos, aportando un consenso multisectorial y multidisciplinar; teniendo en cuenta las inquietudes de los Gobiernos y las vías de trabajo de las empresas.

No existe una única definición de Smart City, por lo que los inversores –privados o públicos- no obtienen la garantía suficiente para arriesgar su dinero.

No existen unas normativas de regulación exigidas por los Gobiernos y de obligado cumplimiento que aportan seguridad y confianza a usuarios y empresas implicadas.

Y por último no existen profesionales formados con una visión amplia y abierta a participar en proyectos globales de convergencia tecnológica en donde influyen diferentes áreas de conocimiento.  En donde un experto en una materia, sea esta de Arquitectura, de Ingeniería, de Negocios, … no es suficiente; los expertos en Smart Cities deben serlo en todas las áreas y además desde un punto de vista global.

En la charla que dio el Director del TECNOLOGICO DE MONTERREY (quizás la Universidad de mayor alcance en México) el Dr Hugo Elizalde en el acto  en el que, junto conmigo, firmamos la Alianza entre  el TEC y ACCEDA, resaltó que en su Universidad como en todas, se forman a los alumnos por “cajitas” cerradas para ser grandes expertos en Arquitectura, o en Ingeniería de Telecomunicaciones, o en Mercatrónica, o en Ingeniería Industrial; …. Pero ahora el mundo exige expertos en múltiples materias simultáneamente.  El desarrollo urbano va por caminos donde la convergencia tecnológica y multidisciplinar es obligatoria para la perfecta concepción de nuevos modelos de vida.

Por otro lado, un desarrollo de tal magnitud que invita a participar a tantas y tantas diferentes empresas y profesionales, no está definido como modelo de negocio global, como modelo de desarrollo empresarial y económico para el país.  Un proyecto de Smart City debe ser una iniciativa que los Gobiernos aborden no solo con el objetivo de crear ciudades más habitables y confortables para su población, sino que su concepción debe servir para los Gobiernos locales, para atraer inversión internacional al país, para dinamizar la economía local, para crear nuevas iniciativas de emprendeduría empresarial y con ello creación de empleo.

Así pues, debemos entender que el desarrollo de un proyecto de Smart City o Ciudad Sustentable es equiparable al desarrollo de un Plan de Desarrollo Económico Sustentable.  Los factores económicos implicados en el mismo, justifican abordarlo no exclusivamente como proyecto de índole tecnológica o arquitectónica, sino financiero.

Son proyectos amplios que abordan diferentes aspectos de la economía del país:

·         Atracción y gestión de inversión internacional.

·         Promueve el desarrollo empresarial y creación de nuevas PYMES.

·         Afianza, especializa y crea empleo.

·         Describe nuevos modelos de financiación y nuevos modelos de gestión de ingreso recurrente.

·         Apoya a Gobiernos a dictar unas Normativas regulatorias que faciliten el desarrollo ordenado.

·         Fomenta una conciencia medioambiental en la población y en las empresas.

·         Orienta a la Academia a crear nuevos Cursos de formación de postgrado especializados.

·         Apoya en la capacitación de los profesionales implicados.

·         Etc.”

Y sobre los que el aspecto de su financiación marca los límites de su desarrollo, teniendo en cuenta que esta puede venir de la mano de diferentes aspectos:

·         Financiación del proveedor.

·         Financiación del inversor público/privado.

·         Financiación de fondos internacionales para el desarrollo.

·         Financiación por el usuario (ingreso recurrente).

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