Las amenazas a la innovación.

La mayor amenaza a la innovación es el Éxito y dado el desarrollo tan positivo de la economía y los mercados que la sustentan, de forma especial el financiero y el inmobiliario, en los últimos años; el mundo ha sufrido una falta de Innovación en su desarrollo.
La complacencia y el dogma has sustituído a la Innovación. La complacencia en pensar que lo que te ha hecho triunfar en el pasado, te hará triunfar en el futuro y el dogma que lleva a la inmovilidad estructural de la empresa, a partir de la aplicación y seguimiento de normas y reglas que constriñen el cambio y adaptabilidad a nuevas situaciones de los mercados. El dogma, que surge del exceso de seguridad en uno mismo y del exceso de confianza en la aplicación de unas normas estrictas e inflexibles, acaba con la capacidad de innovación.

La complacencia y el dogma pues, incapacitan a la empresa para ver que el mundo cambia, las costumbres de la demanda cambian y la ordenación para alcanzar el Éxito, debe cambiar. La empresa se debe dar cuenta de que el mundo cambia y estas dos actitudes les limita en su capacidad de adaptabilidad y de reaccionar a tiempo.

La perspectiva para muchas empresas es el morir con sus propios clientes; centran su perspectiva de “adaptabilidad” a la crisis en una única reacción de “recorte de costes”, reducir jornadas laborales (para reducir salarios), reducir inversiones de marketing y comunicación, reducir herramientas comerciales (informática y sistemas, comunicaciones), … La reducción de costes es más un paso para la supervivencia, que una Estrategia para continuar y lidiar con la crisis con una esperanza de alcanzar el Éxito.

Esta acción de reducción de costes, llevada a cabo sin la definición paralela de una Estrategia inteligente de transformación de la empresa para los próximos años, se convierte en una serie de machetazos que acaba con la motivación y con ello con la iniciativa de los empleados, con su pérdida de ilusión y … con su complacencia.

La actual crisis presenta una oportunidad única para provocar la generación de innovación en la empresa, para desarrollar nuevas estrategias de cambio que aseguren el futuro y le aporten competitividad y éxito.

Cuatro factores son en los que debe centrarse una nueva estrategia de ganador:
Primero reordenar el equipo directivo creando comités de trabajo en equipo que rentabilicen el tiempo de todos y distribuyan las tareas en responsabilidades delegadas y compartidas simultáneamente, acabando con reuniones mal diseñadas, con tiempos de duración ilimitados y con resultados no medibles; acabar con los mails innecesarios y multitudinarios por ir con “copia a” por falta de valor en la toma de decisión, o por falta de delegación real de las funciones o simplemente por falta de rigor y orden en el organigrama. Una política de mails clara y efectiva, define la calidad de organización de una empresa.

Segundo; revisar la organización interna, romper con los departamentos estancos y la falta de comunicación entre los mismos, lo que genera reglas que si bien son cómodas para unos, limitan el desarrollo de la actividad para otros y ralentizan la velocidad de crecimiento de la empresa. Hay que potenciar la coordinación lateral entre departamentos evitando el que se aislen de las realidades del resto de la empresa y provoquen la desmotivación del resto de la compañía. Buscar la capacidad de las personas para ordenar la capacidad y estrategia de la empresa; en épocas de limitada capacidad de nueva contratación, la empresa se ajusta al empleado y no tanto el empleado a la empresa, en términos de analizada individualidad.

Tercero; evitar la indiferencia amparada en los procesos mal definidos u obsoletos, o cubierta por la falta de capacidad de decisión y criterio, o a veces por la misma falta de profesionalidad de los ejecutivos, o bien por la histórica improvisación habitual cristalizada en la rutina.

Y cuarto, es momento de replantearse las políticas de control y rigor sobre los empleados, fomentando la libertad presencial a cambio de la motivación y la retención de empleados productivos. Y no tanto el actuar con rigor en el control de accesos y de justificación de actos que recuerda a las épocas de la Revolución Industrial. Con el desarrollo de las telecomunicaciones ¿tiene lógica incurrir en gastos y pérdidas de tiempo en desplazamientos a puestos de trabajo?.

La tarea de mejorar procesos requiere de una mirada fresca con experiencias ajenas a la empresa y que aporte una visión nueva sobre las estructuras tradicionales, una aportación que urge en las heridas de la empresa y de su organización, incluso de sus directivos.

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